Se quedó mirándome un momento, con una intensidad que me hizo removerme en el sitio. Sus ojos recorrieron mi rostro como si estuviera memorizando cada poro, cada pestaña. —Iremos a ducharnos en un rato —anunció, bajando el tono a un murmullo pecaminoso—. Iremos al jacuzzi, quiero que sientas el agua caliente y las burbujas contra tu piel mientras yo te sostengo. Pero esperemos un poco. Quiero este momento aquí, contigo, sin nada que nos distraiga. Una punzada de ansiedad me recorrió el estómago. En medio de toda esta burbuja de lujo y promesas, una duda me quemaba. Me giré un poco para quedar frente a él, buscando su mirada. —Julian... —mi voz tembló ligeramente—. ¿Te irás ? Él frunció el ceño, confundido. —¿A qué te refieres? Estoy aquí, Ariadna. No voy a ninguna parte. —No, me refi

