+JULIAN+ Me encuentro aquí sentado, con una taza de café n***o humeante entre las manos, ocupando uno de esos sillones de diseño minimalista que parecen más una escultura que un mueble. El sol de Dubái ya está empezando a lamer los cristales del Burj Khalifa, bañando la suite con una luz dorada y agresiva que perdonaría a cualquiera, menos a la mujer que tengo frente a mí. Observo a Ariadna. Es un espectáculo digno de ser enmarcado, y no precisamente por su elegancia. Está desparramada entre las sábanas de seda negra como si hubiera sobrevivido a un naufragio de placer. Tiene la boca abierta, un brazo colgando fuera del colchón y, para mi absoluta diversión, suelta unos ronquidos rítmicos, pequeños y agudos que harían que cualquier aristócrata de Toronto se llevara las manos a la cabeza.

