—¿Espera, qué? ¿Tus padres qué? —El trozo de bacon que tenía en la mano se queda congelado a mitad de camino hacia mi boca. Siento que el sistema operativo de mi cerebro acaba de lanzar un "Error 404: Dignidad no encontrada". El pánico me recorre la columna como una corriente eléctrica. Él se suelta a reír, una carcajada limpia que hace que sus hombros anchos se sacudan. Se ve tan malditamente guapo riéndose de mi desgracia que me dan ganas de tirarle un panecillo a la cara. —Tranquila, Flores. Respira —dice, dejando su taza de café—. No vienen hoy. Recuerda que están en ese crucero de lujo. Me acaban de confirmar que se quedan hasta Año Nuevo. Así que he decidido que pasemos la Nochebuena solos, en un restaurante tranquilo donde nadie nos moleste. —¡Noooo! —exclamo, dejando caer el bac

