—Te queda... letal —dijo contra mis labios—. Si antes me costaba mantener las manos lejos de ti, ahora vas a ser mi perdición absoluta. Mi madre tiene buen ojo para la guerra, nena. Este color no es para una niñera. Es para la mujer de un Sterling. Es para una mujer que va a sentarse a mi lado y va a hacer que todos esos viejos socios se olviden de sus negocios solo para mirarte. —Entonces... ¿no me vas a devolver a Toronto? —bromeé, aunque mi corazón estaba martilleando de alivio. —Te voy a llevar a esa cena —respondió él, besándome con una pasión que sabía a vino y a posesión—. Y voy a dejar que el mundo vea lo que es mío. Pero después... después vamos a volver a esta suite, y te juro por mi apellido que voy a descubrir si este rojo se ve igual de bien sobre las sábanas negras que sobr

