Lo siento, es mi culpa

1787 Words

+ Salimos de la ducha envueltos en toallas blancas, de esas tan esponjosas que parecen nubes, pero yo me sentía como si estuviera envuelta en papel de lija. El vapor todavía flotaba en el aire, empañando los espejos, pero la realidad era más clara que nunca: estábamos fritos. Mi corazón no latía, martilleaba contra mis costillas con una violencia que me hacía vibrar los hombros. Al salir, vi a la señora ahí, parada cerca de la ventana. No estaba gritando, no estaba tirando jarrones; estaba aterradoramente tranquila, lo cual era mil veces peor. Su mirada se clavó en mí y sentí que me desnudaba el alma. —¿Cómo piensas salir de aquí, Ariadna? —preguntó con una voz gélida que me cortó la respiración—. Tu madre ya está en la cocina preparando el servicio del almuerzo. Si cruzas ese pasillo a

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