* Me quedé allí, congelado en mi sillón, sosteniendo el celular como si fuera un explosivo. La foto seguía ahí, en la pantalla: Ariadna Flores, expuesta, desinhibida, una pieza de arte tribal robada de su contexto. Tragué grueso de nuevo, sintiendo la garganta seca. La foto era una instantánea accidental o un acto de rebelión descuidado. Su figura, que había estado apenas oculta bajo la blusa desabrochada, ahora estaba expuesta en una claridad brutal. El vapor de la ducha había añadido una capa de misterio, suavizando los bordes y volviendo la escena íntima. Pude observar detalladamente su cuerpo. La curva de su cintura. La forma en que su piel se veía tan, pero tan exótica y sin la pátina de artificialidad que cubría a todas las mujeres en mi círculo. Sus rizos caían salvajemente sobre

