+ARIADNA+ Entramos en el supermercado y, sinceramente, si hubiera una cámara de seguridad registrándonos, el guardia pensaría que Julian Sterling ha adoptado a una indigente con buen gusto para las parkas de montaña. Yo empujaba el carrito con un entusiasmo que rozaba la manía, mientras Julian sostenía la lista de mamá con la misma solemnidad con la que se sostiene una declaración de guerra. —Paso a paso, Flores —dijo él, con esa voz de barítono que hacía que las señoras que compraban aguacates se giraran a mirarlo como si fuera un dios griego perdido entre vegetales—. No te lances al pasillo de los dulces todavía. El protocolo dicta que primero van los productos frescos. —El protocolo dicta que si no como algo con azúcar pronto, voy a empezar a morder las ruedas del carrito —le respond

