Los labios de Raegan se presionan en los míos, el beso se vuelve desesperado de su parte. El agua sigue desbordando en la tina por el movimiento de nuestros cuerpos. Puedo sentir el sabor del coñac en su boca y la manera en la que me besa es más que intensa como si quisiera fundirse en mí y perderse para nunca más volver. Me aparto para mirarle, sus mejillas están enrojecidas. Tomo aliento admirando su rostro alcoholizado. ─¿Por qué te detienes, ratoncita? ─Pregunta curveando una sonrisa sugestiva─. Déjame estar dentro de ti ─jadea con ronquez sobre mis labios. ─Raegan, estás ebrio ─murmuro. ─¿Y eso qué? Me la pones igual de dura, puedes sentirla tú misma ─Toma una de mis manos y la atrae a su entrepierna haciéndome sentir su gran erección, mis latidos y mi coño reaccionan ante eso

