Milenka Hidalgo Camino de un lado a otro ofuscada y no dejo que me hagan más exámenes o análisis, sé que estoy bien, solo tengo un rasguño en la frente. ─¿Por qué le respondiste? ─Le inquiero a Frederick. ─Es mi jefe. ─También yo. ─Él me paga ─dice y ruedo los ojos. ─Touché ─murmuro. ─Señora Waldorf, tiene que recostarse, salió bien la tomografía, pero, hay que curarle le herida de la frente ─insiste el Doctor. ─Estoy bien ─digo. Coloco mi mirada en la puerta de la habitación del hospital que se abre y que no me han dejado salir desde que llegué en la ambulancia. La figura imponente y alta de Raegan aparece para tomar toda mi atención, rompe la distancia ignorando a todos para acunar mi majilla mirando la herida de mi frente. ─¿Estás bien? ─Pregunta pareciendo molesto. ─

