Al llegar a casa entro directo a la sala, mamá está viendo la televisión con una taza de café en la mano, su mirada no se posa en mí, sino en la puerta abierta, se ve que está muy sorprendida al ver que ya llegamos, en su frente veo un tic nervioso, como si quisiera fruncir el ceño. Esta reacción no me sorprende ni un poco, esta es la forma en la que me ha tratado este par de años, ni siquiera puede mirarme a la cara o decirme más de dos oraciones seguidas, siempre busca la forma de irse del lugar en donde me encuentro, es como si me odiara. — Hola mamá. — Digo muy tranquila con una tenue y temblorosa voz. — Creí que volverían más tarde. — Deja la taza sobre la mesa. — Decidimos sorprenderte viniendo antes. — Entra mi padre con algunas maletas en la mano. — De haberlo sabido no habría

