«Ella se ha marchado a Roma…» «Ella se ha marchado a Roma…» Enzo dejó caer el cubierto y ni el sonido estrepitoso que causó al caer sobre la porcelana lograron hacerlo reaccionar. «Ella se ha marchado a Roma…» Aquellas seis palabras estaban causando una serie de emociones que jamás había experimentado y la sensación de pérdida inundó su corazón. —¿Cómo qué se ha marchado? —preguntó casi enredándose con su lengua. —Lo que has escuchado, Atenea y Adriano decidieron adelantar el viaje y no estar presente en tu fiesta de compromiso, lo cual me alegra mucho, al menos por Atenea —dijo apartando los pensamientos de Adriano. Ella no podía olvidarse de su conversación de la noche anterior y en parte se sintió aliviada de que se marchara. No quería sentir lo que estaba sintiendo, era como fal

