Capítulo tres. Aterrizando en Italia

1130 Words
Atenea miró su maleta sobre la cama, tenía exactamente tres días de haberla preparado con la ayuda de Anastasia. Casi en el mismo momento que la noticia de su aceptación por parte de Enzo le fue notificada. Ahora, tres días después, y a punto de salir de casa para ir al aeropuerto, ya no se sentía tan eufórica como antes. La realidad la golpeó al darse cuenta de lo que significaba estar en Italia con Enzo Lombardi. Trabajar con Enzo, no solo sería estar bajo su tutela y ser su aprendiz, también significaba verlo con Florencia, su novia. La famosa y aclamada modelo, el rostro principal de varias marcas reconocidas e incluso el rostro oficial de la casa Lombardi. Caer en cuenta de todo eso la desanimó de tal manera, que por un momento se vio tentada a renunciar y quedarse en Grecia, buscar otra empresa donde hacer su pasantía. Quizá… —¡Atenea, cariño, es hora de irnos al aeropuerto! —el grito de Anastasia al otro lado de la puerta, interrumpió sus pensamientos. —¡Ahora voy, Ana! —respondió mientras respiraba varias veces para armarse de valor, tomar su maleta y emprender su camino. —No puedes echarte atrás, Atenea, no vas a Italia para llamar la atención de Enzo Lombardi, sino para demostrar tus cualidades y habilidades. Vamos, tú puedes —se dio ánimos mientras caminaba a la puerta. —¿Todo bien, cariño? —preguntó Anastasia, apenas abrió la puerta. —Sí, estoy un poco nerviosa, supongo que es normal —explicó rápidamente la joven. —No estarás sola —le aseguró la mujer. Atenea asintió, Anastasia aprovecharía el viaje para visitar a su madre, lo haría sola en esta ocasión debido a que ninguno de los chicos estaba en casa y Aquiles debía quedarse al frente del negocio. Luego de la traición de Ulises, él no volvió a confiar en ninguno de sus empleados de la misma manera y aunque ninguno era Ulises, él prefirió ser reservado en más de un sentido. —No puedo creer que mi niña haya crecido y esté tomando su propio camino —pronunció Alida al ver a Atenea bajar por la escalera. —Solamente serán unos meses, γιαγιά, y no me olvidaré de ti —prometió con una amable sonrisa. —Eres un sol, mi niña —Cicero la estrechó contra su pecho. Atenea era tan distinta a su padre que por un momento le recordó a su hijo Felipe, él habría dado mucho porque Atenea tuviese una familia como debía ser con unos padres amorosos. Aunque no se quejaba del trato que Aquiles y Anastasia le daban, sabía en el fondo de su corazón que a su nieta le hacía daño saber quiénes habían sido sus verdaderos padres. Si por él habría sido, se lo hubiese ocultado toda la vida, pero entendió que las mentiras tarde o temprano terminaban por descubrirse. Y lo peor de todo era el daño que causaban. —Voy a echarte de menos, pero te llamaré todos los días —le prometió. —No quiero arruinar el momento, pero tenemos el tiempo justo para llegar al aeropuerto —anunció Aquiles. El hombre tenía muchos sentimientos encontrados, ver a Atenea volar lo llenaba de orgullo y también de temores, sabía que esta era una prueba de fuego para su niña en muchos sentidos, solo esperaba que ella saliera victoriosa de todo esto. Luego de una despedida emotiva, lágrimas y buenos deseos, la familia Stavros salió al aeropuerto y dos horas y diez minutos después estaban aterrizando en Italia en un vuelo privado cortesía de las empresas Stavros. —Considero que… ha sido una mala idea venir —susurró Atenea en el preciso momento que su mirada se encontró con Enzo y su inseparable novia del brazo. —Has venido con un objetivo, Atenea, no te desvíes de él. No te desvíes de tus metas y no pierdas el tiempo en amores unilaterales —respondió Anastasia. Atenea se sonrojó al escuchar las palabras de Ana, sabía que si alguien en la vida la conocía bastante bien esa no era otra más que la mujer que la había criado como a una hija. la mujer que ella amaba como a una madre. —Tienes razón, voy a hacer mi mejor esfuerzo y volveré a Grecia, apenas termine la pasantía y haré que se sientan orgullosos de mí —dijo con más seguridad de la que sentía. Anastasia se detuvo y la tomó del brazo para hacerla detener. —Recuerda esto, Atenea, siempre hemos estado orgullosos de ti, eres una criatura hermosa por dentro y por fuera, y ten la seguridad que voy a dar la cara por ti siempre —le prometió al final. Atenea asintió y continúo su camino para reunirse con Olimpia, Enzo y Florencia. —¡Anastasia, Atenea! —exclamó Olimpia con una enorme sonrisa en los labios al verlas acercarse. —¡Mamá! —Anastasia fue abrazada por su madre y luego le cedió el lugar a Atenea, quien la saludó con efusividad. —Bienvenida a Italia, hermana —pronunció Enzo abriendo sus brazos para recibir a Anastasia, quien no dudó en corresponder el gesto de su hermano y luego saludó a Florencia. No hubo tanta efusividad como antes, lo que le hizo preguntarse seriamente si su niña estaría bien en Italia, lejos de ella. —Creí que estarías en Palermo —pronunció Ana sin poder evitarlo. —Es la idea, pero en el momento que Enzo me informó que Atenea estaba llegando, decidí no ir a casa de mis abuelos este fin de semana —respondió con una sonrisa que no llegó a sus ojos. Una sonrisa que para Anastasia resulto ser demasiado forzada. —Enzo —saludó Atenea extendiendo su mano lo más cortés posible, hacía varios años que había dejado de saludarlo de beso, desde el momento que sentía su corazón agitarse en su presencia, desde el momento que se dio cuenta de que su olor masculino le hacía humedecer las bragas. —Bienvenida, Atenea —saludó Enzo en el momento que Florencia volvió a coger su brazo. —Gracias por aceptar mi solicitud, espero no ser una molestia para ti —expresó Atenea con una ligera sonrisa. —No es que haya tenido muchas opciones, eres su sobrina, desde luego que no podía decirte que no —espetó Florencia con una sonrisa que Anastasia interpretó como peligrosa. —Enzo sabe del talento nato de Atenea, no es una chica que se lleve el mundo por delante con su rostro sino con su inteligencia, algo de lo cual no todas pueden presumir… Florencia borró la sonrisa del rostro porque lastimosamente para ella, el guante le venía muy bien. Ella era modelo, pero no había más allá de su belleza…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD