Dulce no volvió a hablar de Pedro, y su nerviosismo acabo cuando Donato la visito un par de días después, su tío no sabía que Pedro la había golpeado, ahora podía estar tranquila que el latino no sería asesinado por sus padres, ¿estaba en calma? No, ¿estaba feliz? Ni siquiera se podía considerar que estuviera viva, era como un zombi, uno que sonreía cuando su familia la veía, realizaba compras con la misma frecuencia que siempre lo hacía, con la diferencia que ni siquiera veía lo que compraba, pero el espectáculo debía continuar, por lo menos para todos Dulce estaba bien. Que gran error, solo sus hermanos notaron la pena que guardaban sus ojos almendrados, pero si la princesa no hablaba, ellos no la traicionarían, solo se ocuparon de molestarla como siempre lo hacían, algo que Dulce agrade

