Desperté perturbada, teniendo la sensación de que mi piel estaba siendo corroída debido a esa viscosidad, pero no estaba precisamente en mi habitación. Mi cuerpo estaba sumergido en una espaciosa tina, llena de agua caliente, diversos pétalos de rosas y aceites esenciales de lavanda. Había tres velas blancas amarradas por un fino y firme cordón rojo, en los cuatro extremos de la tina.
El olor es agradable y conforme más tiempo paso, mi cuerpo libera tensión. Nunca había estado en este lugar. Supongo que debe ser el cuarto de baño de alguna habitación del castillo, pues parece parte de el.
A las afueras de la tina vi a Viktoria de espalda, con su hombro al descubierto, deshaciéndose de la bata roja que cubría el resto de su cuerpo. Otra vez estaba desnuda, sin sentir ni un poco de pena.
—Hasta que por fin despiertas — me miró por arriba del hombro.
—¿Dónde estoy?
—En el baño.
—Sabes bien que no me refiero a eso. ¿Dónde está mi hermana?
—Isabel está descansando.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué estoy aquí? — intenté levantarme, pero fue cuando me percaté de que estaba desnuda.
—Pensé recibir la respuesta a esa pregunta de ti. Perdiste el conocimiento en tu habitación y te encontré allí tirada.
—¿Cómo pudiste quitarme la ropa? ¡Eres una depravada!
—No sabía que eres del tipo de persona que se baña con ropa. De haberlo sabido, te la hubiera dejado puesta — entró a la tina y se acomodó al otro extremo, acomodando su cabello hacia el lado y sumergiéndolo dentro del agua—. ¿Cómo te sientes?
—Estoy bien, gracias por preguntar. Ya me voy. Iré a ver a mi hermana.
—Déjala descansar. Es muy temprano. ¿Por qué continúas huyendo de mí? ¿Qué te hice?
—¿Qué me hiciste? A cada rato te burlas de mí, aparte de eso, pusiste a mi hermana en mi contra…
—¿Puse a Isabel en tu contra? Veo que te encanta sacudirte de culpas. ¿En qué momento he hecho tal cosa? Es ella quien me sigue a todas partes, por eso le doy la atención y el cariño que tú no le brindas.
—¿La atención y el cariño? Siempre le he brindado atención, cariño y amor incondicional a mi hermana. Toda mi vida lo he hecho.
—No lo suficiente. Al menos, no es lo que ella espera de ti — acomodó su cuerpo entre mis piernas, no sabía cuán cerca estaba, no hasta que ya era muy tarde—. Los celos no te hacen bien — sentí el roce de sus pezones en los míos y una electricidad fluyó por todo mi cuerpo.
—¿C-celos?
Removió mi cabello por detrás de la oreja con ambas manos, pero por alguna razón, no sentí necesidad de evadirla.
—Me has visto como una usurpadora, pero no tengo interés de robarte nada, bueno, al menos no a tu hermana. Estoy interesada en algo más — dibujó con su uña una línea imaginaria desde mi oreja hasta mi mentón.
—¿En qué? — pregunté con un hilo de voz.
—¿Aún no te queda claro? — su uña descendió por mi cuello y el valle de mis senos hasta detenerse en mi ombligo.
Eso da cosquillas y escalofríos, pero más ver cómo lame sus labios tan seductora.
—Te quiero a ti — hundió su rostro en mi cuello y su respiración alocó mis sentidos.
Me sentía en un profundo trance, dónde mi piel ardía como si estuviera en fuego y mi intimidad se contraía a la par de mi respiración agitada.
—¿Cuánto tiempo más me harás esperar? Han pasado muchos días y aún no hemos consumado nuestro matrimonio, pequeña criatura.