Esperaba encontrarme con cualquier cosa, excepto con un hombre tan atractivo, aunque su seriedad es terrorífica.
—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?
—Ojos y amargura.
—Mantén distante a tu hermana — caminó hacia la puerta y lo seguí con la mirada.
—¿Por qué?
—Simplemente hazlo.
—No se vaya. No me deje sola.
—No vine a hacerme amigo tuyo, vine a acabar con el escándalo que interrumpió mi sueño.
—¿Siempre debe ser tan cortante? ¿No le han enseñado que si no tiene nada bueno que decir, mejor permanezca en silencio?
—Aplícalo en ti.
—¿Por qué quiere alejarme de mi hermana?
—Digamos que es una bomba de tiempo.
—Di las cosas completas o mejor no digas nada. ¿Qué pasa con mi hermana? Siento que es tu hermana quien la está poniendo en mi contra.
—¿Mi hermana? ¿Hay necesidad de tirarle el fango a alguien más por lo que provocas tú misma?
—¿Yo? Todo lo que he hecho es cuidar de ella. Si no hubiera tomado la decisión de casarme con usted y venir aquí, nuestra relación seguiría igual.
—Y ella seguiría postrada en una cama y en un sillón de ruedas. ¿No estás siendo muy egoísta y cruel, deseando regresar a la miserable vida que tenían antes? A la que salga de aquí, no garantizo que ella pueda seguir con este estilo de vida que lleva ahora. Aun así, ¿quieres llevártela?
—¿Qué estás queriendo decir? ¿Volverá a perder la movilidad de las piernas?
—Probablemente.
—Dijiste que la habías curado.
—Digamos que la recuperación de tu hermana es como un espejo. Depende del ángulo en que lo mires.
—No entiendo lo que quieres decir.
—No importa. Algún día lo entenderás. Apresúrate y toma una decisión, no tengo todo el día. ¿Vas a quedarte o no?
No puedo hacerlo. No puedo arrebatarle la felicidad que ella ha tenido al haber recuperado la movilidad de las piernas. Estaría condenándola a pasar por el mismo sufrimiento.
—Me quedaré.
—Eso pensé.
—¿Qué has dicho?
Salió de la habitación sin decir nada más, pero no sé por qué esas palabras me resultaron tan familiares.
Los siguientes días estuve distanciada de mi hermana, pero no por decisión propia, sino porque ella misma ha decidido mantenerse distante de mí. He matado el tiempo en la biblioteca, limpiando, recogiendo y leyendo los únicos libros que no estaban en latín. Encontré nuevas joyas, bastante antiguas y las páginas malogradas debía pasarlas con suavidad para no quedarme con ellas en las manos. Parecían haber estado en contacto con agua, pues tenían algunas manchas.
Con ayuda del candelabro de bronce, acomodé algunos libros en la estantería. En este lugar casi no hay claridad y más por el mal tiempo. La tormenta aún no cesa, los días han estado lluviosos y más fríos que de costumbre. Durante la noche he escuchado aullidos de lo que parecen ser lobos. Da mucho miedo, porque la habitación parece vibrar a la par del sonido.
Una figura cayó de la estantería, parecía hecha en cedro, a diferencia de las que había movido y organizado. La tomé en mis manos y, aunque planificaba ponerla de vuelta, me llamó la atención lo que mostraba. En ella había tallada una mujer de cabello largo, rodeando el cuerpo desnudo de otra mujer. No sé por qué las imágenes de ese sueño invadieron mi mente. Debajo de la figura no había una firma, como en las demás, sino que aparecía el mismo círculo.
«Ella me ha encontrado» fueron las palabras que escuché. Era la voz de una mujer la que repetía esas palabras y retumbaba en mi cabeza. «Has sido atada eternamente a mí». Sentí como si esa figura estuviera susurrando y respirando en la palma de mi mano. La dejé caer retrocediendo, hasta que sentí que tropecé de espalda con alguien.
—Aquí estás — oí la voz de Viktoria, y casi sufro un infarto de la impresión.