Elda Los cuatro nos habíamos realizado un corte en nuestras palmas, la Daga pasó de uno en uno, para ir empapándola con nuestra sangre. Al finalizar Brena la cubre con su vestido y la guarda. -¿Listos?- Todos asienten con la cabeza, boto todo el aire que tengo contenido en los pulmones y abro la puerta lentamente, entramos cautelosamente mientras la Hechicera dormía. Le pido con la mirada a Brena la Daga Dorada, ella la saca de entre sus ropas y me la pasa en mis manos; pero jamás me iba a imaginar lo que pasaría después, al recibir la daga mis dedos parecían de mantequilla y en un movimiento torpe la tiro al suelo, el golpe contra el piso produjo un sonido muy agudo y seco. Todo quedamos paralizados, todos menos la Hechicera que de un salto se puso de pie, y nos encontró a los 4 para

