La reina Aanisa no atendió más sus deberes. El rey la había exonerado de ello y no porque pensara que ella no era idónea para el puesto, sino porque ella misma se lo había pedido. Por el aborto que había sufrido, poco a poco fue descuidando el deber, pues no le daban las energías para hacer todo lo que le correspondía. Con el pasar de los días, la reina Aanisa se preguntaba si ya el rey había encontrado algún hallazgo relacionado con el aborto. Sin embargo, ya habían pasado dos meses desde aquello y no recibía noticias de él… Tal vez el solo quería darle espacio para que la reina aceptara su perdida. Tamara entró a la cámara principal del palacio central para saludar a su como de costumbre. —Buen día, alteza imperial —Saludó con cortesía. —Hoy es un buen día para salir a pasear, ¿

