Volver a verlo tan de repente la dejó desubicada, confundida y decepcionada de sí misma por no haber sido más cuidadosa. Pese a todo eso, algo no cuadraba, ¿por qué iba a estar él buscando también al emir? Shaina no dijo nada, lo miró a los ojos, pero sin pensar en nada en concreto. Era como si el tiempo se hubiese detenido. De un momento a otro empezó asentir el sonido de la brisa en sus oídos, tan fuerte y nítido como nunca. Se dio cuenta de que estaban al descubierto y que alguien podía estar viéndolos. El abrazo la dejó helada, no se movió ni un ápice, tampoco correspondió a su abrazo. Se quedó allí, pétrea entre sus brazos y sin saber qué hacer o como reaccionar. Al final, después de mucho esfuerzo, pudo gesticular una frase: —Nos verán —susurró —No me importa que nos vean —re

