Laghari estuvo encerrada por varios meses en el palacio como castigo por haber desobedecido la regla terminante en cuanto salir sin permiso de las instalaciones reales. La estadía fue larga, pero reparadora. Laghari sabía que después del término del castigo vendría la revancha, sí… la ansiaba con fervor. Los días helados la hacían entrar afanada al interior de las cámaras para cobijarse del frío cerrero que se respiraba en el jardín ubicado frente a la fachada del palacio. Los vientos eran lentos, el horizonte se cubría por una fina capa de neblina que oscurecía el futuro de cualquiera en terrenos salvajes como aquellos. El aburrimiento no era algo que atacara a la concubina recluida, pues ella siempre encontraba un pasatiempo productivo para quemar el tiempo de sobra del que gozaba. Sus

