Aanisa se levantó de donde estaba sentada y saludó al rey con cortesía. Su postura era rígida y su expresión nerviosa. La reina no se sentía preparada para enfrentar a su marido. —Majestad, ¿Qué lo trae hasta mi palacio? —Interrogó teniendo la mirada fija en las alfombras del suelo—. He pensado que estaba ocupado… —Emperatriz, ¿Por qué rehúyes de mí? —No hago eso, majestad. Debió haberme malinterpretado. —No es así —Concluyó con energía—. Su alteza imperial me ha evitado durante dos semanas, pero lo sigue negando, ¿Por qué? ¿Qué ha pasado como para que distancie de mí? —Reclamó. La reina se encontraba de pie frente al rey, con sus manos agarradas a las faldas de su vestido. Estaba aturdida por los reclamos del rey. —No entiendo lo que dice —Evadió—. Su majestad está malinterpret

