Shaina fue liberada del encierro cuando el emir le notificó que el señor Kaffar había sido herido en batalla. No tuvo que rogar la libertad, pues el mismo emir le ordenó atender del cuñado. Entró a la habitación donde se encontraba el señor Kaffar con cierto miedo. Le asustaba ver al hombre demasiado malherido, pero fue justamente en esas condiciones como lo encontró. Se sintió culpable. El señor Kaffar, quien era un caballero en todo el sentido de la palabra, se había reducido a una figura que solo respiraba, aunque para Shaina eso era lo más importante; que estuviera vivo. El lugar estaba hecho un caos, las criadas del palacio entraban y salían de la habitación sacando los paños y el agua sucia de sangre e ingresando los repuestos y vendas limpias. Se quedó de pie en medio de la habit

