Juguete.

2179 Words
Luego que el silencio reinara por unos instantes en el comedor, Alessandro al fin respondió. — Victoria se quedará aquí un tiempo, en lo que Fabrizzio regresa. En el momento que el mafioso dijo aquello Luis se levantó de forma brusca, para, por primera vez, confrontar a su hermano y jefe de la mafia siciliana. — Tu no serias capaz de… — Te recuerdo que Estefanía está aquí, y nunca olvides quien soy, debo protegerte a ti y a todos. Alessandro lo miro de tal manera que a Luis solo le quedó guarda silencio, apenas término de cenar se retiró, no sin antes prometerle a Victoria que todo estaría bien. — Estefi debo pedirte un favor muy importante para mí. — le dijo ya en la salida de la finca y bajo la presencia de Alessandro. — Si tío, tú me puedes pedir lo que quieras. – la niña tenía una maravillosa relación con su único tío. — Cuida muy bien a mi amiga, ella es muy importante para mí, fue la luz que me guio cuando los abuelos se fueron al cielo, cuando tu padre estaba demasiado ocupado como para cuidarme, Victoria me cuido y curo mis heridas, ella me hizo entender que no estoy solo, si sonrió cada día, es porque cada día he pensado en ella y en su sonrisa, haz que este feliz mientras este en este lugar, yo vendré cada fin de semana a verla. — Y mientras su sobrina le prometía cuidarla, Alessandro vio la amenaza encubierta que su hermano le hacía. Esa noche y el día siguiente Victoria no tuvo ningún problemas, más que ser el juguete de Estefanía, aunque esto último le gustaba a la joven Zabet, la niña tenía cierta luz que la hacía sentir en casa, claro que Alessandro no estuvo presente en ese tiempo y eso también le saco un peso a la joven, el hombre se marchó junto con su hermano y luego de tener una gran discusión como nunca antes lo habían tenido, donde las amenazas estuvieron a pedir de boca, el mafioso estaba demasiado ofuscado como para regresar a su finca, por lo que se la paso en el hotel, teniendo un maratón de sexo desenfrenado con un par de mujeres, las follo a gusto y antojo, pero cada vez que cerraba sus ojos, el rostro de Victoria aparecía en sus recuerdos, algo que no le estaba gustando, necesitaba tener a su mano derecha de regreso y deshacerse de la joven, quien a pesar de haberle dicho a su hermano que nada malo le pasaría, en la mente de Alessandro su destino estaba sellado, ella sabía su apellido, Santoro, conocía a Luis por lo que no le sería difícil una vez que la liberaran que dieran con él, la verdadera SOMBRA, Victoria jamás regresaría, y si lo hacía seria muerta. Era la mañana del miércoles cuando el hombre decidió que era tiempo de regresar y apresurar la liberación de Fabrizzio, apenas ingreso a la finca, vio a un ángel, porque para sus ojos la joven Zabet era eso, entre los viñedos una mujer de curvas suaves, estatura pequeña se dejaba ver, caminaba de forma segura en línea recta, con un vestido blanco que le quedaba muy bien, pero que era demasiado corto para el gusto del hombre. Detuvo el automóvil a mitad de camino, cuando observo como más de diez de sus hombres seguían a la joven a la distancia, embobados con ella, con su figura, deseosos de que alguna brisa traicionara el ruedo del vestido y dejara aún más piel a la vista. Descendió del automóvil y camino en diagonal, hacia donde la joven se dirigía, se detuvo a unos escasos pasos, cuando piso unas hojas, Vicky se detuvo. — ¿Estefanía? — Alessandro se mantuvo en silencio, mientras miro por arriba de la cabeza de Victoria de forma amenazadora a sus empleados, los cuales con disimulo volvieron a sus puestos. — ¿Estefi?... entiendo, ya se lo dije al otro guardia, no voy a escapar, solo estoy ampliando el perímetro de juego mientas Estefi duerme la siesta, ya se está aburriendo de estar cerca de la casa. — aun con la explicación Alessandro no respondió y se dedicó a observar las piernas níveas de Vicky. — Mejor volveré. — Victoria decidió retornar a la casa a falta de respuesta, cuando comenzó a caminar Alessandro se vio tentado a tocar el trasero redondo de la joven, quería saber cómo era de firme. Cuando Victoria sintió esa enorme mano apretar con ganas su nalga, giro soltando un grito de terror, trastabillando del mismo susto y cayendo de trasero al suelo, apoyo sus manos para evitar que su espalda fura a dar contra la tierra y sus piernas quedaron abiertas con las rodillas dobladas, dándole una imagen privilegiada al mafioso de la ropa interior que llevaba puesta. — ¡¿Quién mierda te crees para hacer eso?! — por primera vez el hombre vio la confusión y desorientación en el blanco rostro de Vicky, quien giro su cabeza hacia un lado y otro, agudizando su oído para tratar de adivinar donde estaba su agresor. — ¿Quién mierda te crees tú para salir a dar un paseo? Creo que todavía no te enteras de que eres una cautiva, el juguete de mi hija y el mío también si así lo deseo, tú aquí no eres nada, no creas que el hecho de que conozcas a Luis te salvara de algo. — Mientras el hombre hablaba, Victoria retrocedía, arrastrándose en el piso, entendió el significado de ser un juguete para la niña, pero le aterro la idea de saber a qué se refería Alessandro con ser su juégate, no quería averiguarlo. — Déjame llamar a mi hermano, por favor. — Oh sí, claro que lo llamaras. — Antes que la joven pudiera hacer algún movimiento el hombre la sujeto del cabello y sin vacilación alguna la levanto, por alguna razón el grito que dejo oír más de miedo que de dolor lo éxito. Con el cabello de la joven envuelto en su mano, camino jalándola de regreso a la casa, sin importar que Victoria fuera tropezando con sus propios pies, nunca nadie la había tratado así, Alessandro caminaba a un ritmo rápido, y los pasos que la joven tan cuidadosamente había contado se desvanecían en el mapa mental que ella estaba generando de la finca, un poco caminaba otro poco la arrastraba, mientras los empleados observaban nerviosos, su jefe pocas veces perdía la paciencia, algo lo estaba alterando y nada bueno pasaba cuando Alessandro Santoro se estresaba. Alessandro lo único que podía pensar era en enviarle un mensaje a Eros, quería a Fabrizzio de regreso y deshacerse de la ciega de una vez por todas, en el momento que ingreso a la casa su empleada más antigua vio las pupilas del hombre, estaba drogado, y nada bueno pasaba cuando eso sucedía, Alessandro le dio una mirada dura al sentir el escrutinio de la mujer sobre él, está bajo la cabeza y se retiró como alma perseguida por el diablo, en ese momento habían dos de sus hombres dentro, entre ellos Renzo, a pesar de que les dio un poco de pena ver aquella imagen guardaron silencio, pero no contaban con que Estefanía estuviera buscando a Victoria. — ¿Qué haces? Suelta a mí amiga. — Alessandro trataba de no ingerir drogas, por lo menos los días que su hija estaba con él, pero se había dado unos pases antes de regresar, los necesitaba para enfrentar la inocencia que Victoria mostraba con el solo hecho de mirarla, por lo que cuando su hija le grito, el hombre que acababa de arrojar a Victoria al piso se fue contra su propia hija. — No te atrevas a gritarme. — Victoria escucho el golpe y luego el llanto de la niña, por lo que supo a donde ir, mientras Renzo se iba sobre su jefe, para evitar que volviera a golpear a su propia hija, algo que después el mafioso pudiera lamentar, Victoria cubrió con su cuerpo a Estefanía. —¡Maldito lunático!, ¡¿Cómo te atreves a golpear a tu propia hija?! ¡Disfrutare tanto cuando Hades te mate! — Victoria estaba tan furiosa y se sentía tan impotente de no poder defender realmente a su nueva amiga, que no midió las palabras, ella no tenía como saber que Alessandro Santoro estaba fuera de sí, quizás de a ver podido ver su rostro desencajado, quizás hubiera guardado silencio, o quizás no. Santoro se sacó de encima a Renzo de un solo golpe, solo para tomar del cabello nuevamente a Victoria y llevarla a la recamara, su hija trato de ir en ayuda de su amiga Vicky, pero la empleada la sujeto, la niña era muy querida por todos, en especial los que fueron testigos de cómo Santoro asesino a su madre. No importo cuanto lucho la joven, cuantos golpes trato de darle a ese imponente hombre, ella no podía hacerle nada, Alessandro solo pensaba golpearla y encerrarla en su cuarto, pero cuando la joven rasguño su rostro, el hombre se dispuso a mostrarle quien era el realmente. La sujeto del brazo y de un solo golpe la desmayo, dejo que el cuerpo de Victoria cayera al piso, mientras él retiraba su cinturón, ato sus manos a la espalda y la acomodo sobre la cama dejando su trasero en la orilla y sus pierna flácidas colgado, como si estuviera rezando, levanto la falda del vestido mientras retiraba su ropa interior, se preguntaba con cuantos hombre había estado Victoria, una mujer como esa debía tener a muchos a su alrededor, en la mente del mafioso no cabía la posibilidad de que ningún hombre se le hubiera acercado, lo pudo comprobar con sus empleados, como la miraban con deseo. Abrió las piernas de Victoria y sin pensarlo demasiado se arrodillo para pasar su lengua por los pliegues, degustando su esencia, lubricando toda su v****a, cuando vio que su misión estaba cumplida se levantó posicionándose atrás de ella, desabrocho su pantalón y se despojó junto con el bóxer, mientras la joven comenzaba a reaccionar. —Que - ¿Qué haces? — el miedo en su voz era autentico, estaba aterrada, trato de levantarse, pero Alessandro tomo el cinturón y jalando de el y la inmovilizo. — Eres mi juégate, mientras estés aquí me perteneces. — No, no lo hagas ¡por favor! — El grito de Victoria se perdió, mientras hundió su rostro en el colchón, en el momento que él la penetro de una sola estocada. Alessandro estaba tan drogado que paso por alto la pequeña barrera que se rompió cuando la penetro, él solo podía sentir que tan estrecha estaba, soltó el cinturón, y coloco una mano en el hombro de Victoria y otra en la cadera, para sujetarla con mayor firmeza, mientras ingresaba en ella una y otra vez, con estocadas fuertes y profundas, cada vez más rápido, mientras ella ahogaba el llanto hundiendo su rostro en la cama, no dejaría que el disfrutara de sus gritos, no, jamás mostraría debilidad. —Estas tan apretada… me encanta… vamos, gime, grita para mí — era lo único que Alessandro decía mientras la envestía una y otra vez hasta vaciarse en el interior de la joven. Santoro se acomodó la ropa, para luego liberar las muñecas de Victoria, quien se dejó caer sentada en la alfombra blanca del dormitorio. Sus ojos estaban cerrados, un par de lágrimas caían por sus mejillas, pero de sus labios no salió sonido alguno. — Eres mi nuevo juguete, gatita. — Alessandro creyó que aquel apodo le iba de maravilla, ya que aún sentía las heridas que la joven le había realizado en el rostro. Salió de la habitación e ingreso a la suya, donde se dejó caer en la cama, estaba agotado, en su mente fueron apenas unos minutos los que ocupo para follar a su cautiva, pero la realidad era otra, sin saber muy bien a que se debía su cansancio el hombre cerro los ojos y cayó en un sueño profundo. Catalina, una de las empleadas más antigua había estado haciendo guardia en el corredor, escucho solo la súplica de la joven, que al tener un rostro y cuerpo tan delicado causaba ternura y ganas de protegerla, pero, aun así, apreciaba demasiado su vida como para hacer algún movimiento en presencia de su jefe. Casi una hora espero, hasta que al fin vio salir a su jefe, sin pensarlo demasiado, ingreso al cuarto de Victoria y con horror vio a la joven, quien no se inmuto al oírla llegar. —Dios mío, ¿Qué te hizo niña? — la pregunta solo salió de sus labios, la mujer en realidad no necesitaba explicación alguna para saber lo que allí había sucedido. Catalina ayudo a la joven a levantarse, la baño como si de una niña pequeña se tratara, la vistió y la coloco en la cama, Victoria no solo estaba ciega, ahora parecía que había quedado muda, la empleada hablo mucho, trato de hacerla
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