Ante la mirada de todos, Amelie derramó el vaso de vino por la cabeza de Elizabeth, mojándola al instante toda. —¡Ah! —gritó Elizabeth, cubierta de vino. Amelie enarcó ligeramente las cejas y se enfrentó a la fría mirada de Lamont con una sonrisa socarrona y orgullosa. —Lo hice esta vez... Pero aun así no me disculparé. Amelie levantó su carita confiada y miró a Lamont con mirada provocadora. Amelie pensó, «después de cinco años siendo torturada por él, ¿de verdad cree Lamont que soy tan pusilánime?» Karina Bradley, la abuela de Lamont, oyó el ruido. Inmediatamente se acercó y vio que Elizabeth estaba en un estado lamentable. Karina empezó instantáneamente a culpar a Amelie. —Bruja, ¿cómo puedes seguir siendo tan molesta incluso después del divorcio? ¿Cómo te atreves a intimidar a E

