CAPÍTULO 4

233 Words
-¡Si vamos a la cocina! -gritaba emocionado Babu -¿Tienes comida para mí? -Claro que si mi niño -decía el chef mientras cargaba en sus hombros al pequeño para ir a la cocina -Te prepararé lo que quieras. -Bueno a mi también me dio hambre creo que probaré uno de esos estofados tuyos que saben deliciosos -se unía el albacea a la conversación. Los tres salieron en dirección a la cocina por los enormes pasillos de la mansión. Los pasillos brillaban igual que cualquier habitación. Limpia y pura como si estuvieran hechas de oro y fueran pulidas a diario. Había grandez estatuas en cada pasillo, algunas de armaduras de caballeros, samuráis y otros grandes guerreros de la historia. También había de muchos majestuosos animales como el león o el pavo real. Hechas de mármol y con joyas hermosas puestas en los ojos. Los pasillos eran largos y en cada uno había un cuadro hermoso para contemplar. El señor Afgard era un gran fan de las obras de arte y así quería plasmarlo en su casa. La estatua más impresionante estaba en el rincón que separaba las habitaciones del resto de la casa. Era de un enorme Dragon dorado con el emblema de la familia en el pecho. Una estatua que uno nunca se cansaría de observar. Casi al llegar a la cocina los tres escucharon unos gritos que les sorprendieron.
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