Edward se quedó sin palabras cuando escuchó aquella pregunta. Durante un momento, el mundo pareció detenerse, y un silencio pesado se instaló entre ellos. Recordó la primera vez que había visto a Grace en aquel vagón: sus ojos luchando por no cerrarse, intentando mantenerse alerta a pesar del agotamiento. Recordó su palidez, la delgadez de su cuerpo, y cómo, incluso entonces, había sentido algo que no podía explicar. ¿Había sido la idea de una garantía solo un pretexto para acercarse a ella, para conocerla más? ¿Será, Edward? —murmuró para sí mismo, más como un pensamiento en voz alta. — ¿Garantía? —susurró, como si la palabra ahora le supiera amarga, y negó con la cabeza, su mirada, suavizándose—. Creo que las cosas entre nosotros han cambiado desde aquel primer día, ¿no lo crees? Grace

