ANTES
Cuando observábamos a los humanos errar y cometer estupideces por fruto de sus instintos me burlaba junto a mis hermanos de lo débiles que eran por no ser capaces de dirigirlos y re-instruirlos, pero ahí estaba. En ese maldito tren, tomándolo, ajeno al ajetreo clásico de las multitudes hablando sobre banalidades, y con solo una motivación, verla.
Estaba desobedeciendo a mi hermano, y en el fondo a las leyes celestiales, después de haberle dicho que no lo haría y haberle borrado por primera vez la memoria, lo peor de todo es que no parecía importarme lo más mínimo. Tal vez él tenía razón y la tierra me había afectado, tal vez llegados a este a punto jugarme mis alas parece un precio igual o menor a condenarme a olvidarla. Ahora entendía todos esos profetas que desobedecieron a dios, no eran ni veinte ni cientos, sino miles de profetas que fueron enviados en mil puntos del globo terráqueo, de distintas formas, colores, lenguas, pero con una cosa en común, un corazón latente y por tanto rebelde. En el cielo admirábamos eso de la humanidad, esa capacidad de poseer libre albedrío. Los ángeles nacemos con un destino marcado; servir la voluntad divina. No hay segundas oportunidades para nosotros. No existe algo como un error, no existe algo así como un desliz, existe la pena, la tragedia, el dolor y la miseria del castigo, Dios es piedad pero también es el más justo vengador.
Sabiendo todo eso no puedo evitar recordar ese día de tormenta torrencial, su vestido mojarse, sus ojos mirar confundidos hacia un lado y luego hacia el otro. Lo recordaba todo. ¿Y cómo no hacerlo? Esos mechones rebeldes alisarse con el agua de la lluvia. También haberla dejado sabiendo que en su casa había podido notar la presencia de una criatura sobrenatural, la tormenta solo lo confirmaba deseando que solo fueran alucinaciones de mi subconsciente buscar excusas para quedarnos porque lo último que deseo es ponerla en alguna especie de peligro.
Me daba igual no ser Archie Hayek, Arek no tiene mucho que hacer aquí, él jamás habría tolerado comportamientos así, y menos él jugarse sus alas. Creo que me he convertido en un punto medio entre ellos.
Finalmente tomé aire con fuerza al escuchar el altavoz anunciar la próxima parada, Black Sea. La ciudad de mis peores pesadillas, la ciudad de mi perdición, y al mismo tiempo de mi mejor sueño y la de la salvación para un corazón como el mío, que no ha visto descanso sin ella.
Poco después me levanté de mi asiento intentando no chocar con alguna que otra señora sentada demasiado cerca para mi gusto y caminé hacia la puerta, esperé a que estas se abrieran y salí. Miré hacia el cielo, hacía sol, lo cuál agradecí. Miré poco después a mis alrededores, como siempre la estación parecía casi abandonada. Me dispuse poco después a caminar hacia el bosque tenebroso, mi instinto me decía que debía estar ahí, en su pequeño refugio seguramente estaría leyendo como siempre.
Caminé como siempre por ese bosque intentando no hacer mucho ruido para no alertarla, finalmente llegué a su pequeño refugio, un puente de madera adornado por grandes y frondosos arboles que lo hacía casi invisible al ojo del resto.
Tuve que tragar saliva con fuerza, a pesar de estas semanas en las que me alejé ella seguía siendo tan bonita como siempre, concentrada y leyendo, metida en su mundo o conociéndola seguramente en otro. Lleva un vestido de flores que dejaba sus hombros al descubierto y el pelo atado en un moño desarreglado y aún así se veía como probablemente la criatura más bonita que mis ojos han podido ver.
—Hola.
Ella voltea con los ojos fuera de órbita incrédula ante que hubiese alguien que fuera capaz de llegar a ese sitio.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo has llegado?— preguntó ella dejando el ejemplar a un lado y levantándose casi histérica.
— Digamos que solía pasar mucho tiempo contigo aquí— sonreí encogiéndome de hombros, eso hizo que sus ojos se salieran de órbita de mala manera.
— Pero qu-
Sin más tomo su collar, lo abro con rapidez sin que ella pueda alejarse o pararme, finalmente mira la escena como si no pudiese creer lo surrealista que era todo.
Pronto le enseño la fotografía de ambos, ella me mira con el ceño fruncido.
— ¿Qué se supone que es esto?— preguntó ella confundida mirando a un lado y luego a otro— ¿Hay alguna cámara o algo así?— añadió con molestia alejándose ella y en consecuencia el collar de mi.
— Esa foto nos la hicimos hace tres semanas atrás, cuando fuimos a la feria, no me recuerdas porque te borré la memoria— añadí con seriedad.
Pronto tomé aire con fuerza. Había ensayado mentalmente la escena y pensado mis palabras mil veces y todas ellas de forma distinta aún así en ninguna de ellas me esperaba que ella tropezara en un intento de alejarse y cayera de espaldas al agua. Entonces recordé el pequeño detalle de que Aba Muldano no sabía nadar, inmediatamente vi ajeno prácticamente, de como este saltaba a por ella hacia el agua cristalina alumbrada por los rayos de sol.
—¡Suéltame!— gritó finalmente alejándose de mi al verme junto a ella— ¡Acosador!— consiguió gritar poco después mientras escupía agua e intentaba mantener la vida aleteando por sobrevivir con fuerza.
Blanqueo los ojos arrastrando su cuerpo hacia el mío, tomo sus brazos y los coloco en mi espalda mientras ella finalmente se resigna y mira hacia todos lados menos a mis ojos en un intento de no perder el orgullo.
— Mira que eres…— ella ni siquiera me dejó terminar mi frase.
— ¿Cuál es tu puto problema?— exigió ella de mala manera.
— Vigila ese vocabulario— le respondí inmediatamente mientras nado hacia la orilla del río, a medida que avanzamos noto sus pies chocar contra los míos, suaves y descalzos ya, desesperados por pisar el suelo con fuerza en un intento de soltar mi espalda.
—Tu cara me suena— afirmó ella finalmente lejos de mi, después de escupir de nuevo agua y respirar con fuerza poco después.
— ¿Ah sí?— pregunto yo con una sonrisa ladina incrédulo ante su cambio de actitud.
— Sí— habló ella con contundencia.
— ¿De qué?— pregunté.
— De las clases de Latín, tu y tus hermanos llegasteis y poco después os fuisteis hace unas semanas— aclaró ella.
Yo asentí recordando que eso era lo único que le había dejado en su memoria.
— Buena memoria— respondí yo encogiéndome de hombros mientras me deshago de mi ropa, ella me mira con los ojos fuera de órbita cuando me desabrocharme los pantalones.
— ¡Qué crees que haces tío!— gimió ella con fuerza incrédula con horror al ver mis intenciones.
— No quiero resfriarme— me volví a encoger de hombros aun sabiendo que era imposible.
— ¿Cómo hiciste lo de antes?— preguntó ella con el ceño fruncido ignorando la desnudez de mi pecho. Seguía con sus clásicos cambios de humor.
— ¿El qué?— pregunto yo de forma inocente.
— Lo del collar, ya sabes— afirmó ella.
— ¿Lo del collar?— repito confundido— Eso es porque somos nosotros, no es ningún truco, te borré la memoria porque rompí las reglas y no quería ponerte en peligro pero me gustas demasiado, Némesis, tanto que las alas poco me importan— afirmo con seriedad.
Veo en sus ojos la incredulidad y la sorpresa luchar por pronunciar alguna frase coherente, pero lo único que sale de sus labios es un estornudo.
— Muy bueno—soltó—Ahora dime la verdad.
Tomé aire con fuerza mirando el suelo bajo nuestros pies, para mirarla a los ojos, esos ojos que no me habían dejado dormir hasta que volviese a tenerlos de frente. Finalmente le mostré mis alas, y ella no dudó en balbucear palabras como alas, ángel, tú, alas, para desmayarse segundos después.
—¡Aba!— grito con rapidez buscando su cuerpo, la tomo en brazos y de un salto volamos ambos hacia el puente de madera.
Con sumo cuidado tomo asiento en la piedra que había en uno de los lados, mientras coloco su cabeza encima de mis muslos.
No puedo evitar leer la página en la que se había quedado antes de nuestro encuentro, para encontrarme un dibujo, sentí todas mis pulsaciones a flor de piel al apreciar mi rostro. Tomé el dibujo y lo guardé con sumo cuidado en mi mojado pantalón esperando a que ella por fin reaccionara. Sabía que esto era un error, sabía que estaba confundiendo mi perdición con la salvación, pero también sabía que alejarme de Aba era el peor de los infiernos para mi.