Sus ojos cegaron los del hombre canoso, el aroma intoxico sus pulmones, su piel con olor a leche fresca le hizo que querer devorarlo, sus nalgas ardientes y lo que sintió al estar dentro de él, lo hizo confrontar su ahora realidad quería más del chico, siempre más… El joven parecía haber perdido la inocencia, era como si a pesar de haberse acostado con una chica o dos antes, su virtud seguía intacta. Lo miro a los ojos, con lascivia es cierto, pero algo en él, transformó el momento. No se trataba de solo una noche, sus labios rozando los del otro parecía un pacto de algo más que aquello que la humanidad llama pasión. Cada roce, los movimientos, las intenciones en las miradas, los golpeteos acompañados de los gemidos ardientes y los jadeos acompañados de la falta del suficiente aire h

