Cuando Richard llegó a la casa de las Rizzo también lo hacían los niños, quienes venían del colegio. —Hola, ¿quién eres tú? ¿Amigo de mi mamá o de mi tía? —preguntó muy serio Joan, al entrar y encontrarlo en la sala. El hombre lo observó con las cejas arqueadas, aunque igual le respondió. Cuando Richard solía ir a esa casa, ellos eran muy pequeños y él vestía de forma más casual, no tan elegante. Era obvio que no lo recordaran. —Soy amigo de ambas, aunque más de tu tía, porque estudiamos juntos en la universidad. —Ah, ¿y tú también vas a ir a prisión con ella? —¡Joan! —lo regañó Maddy, su hermana—. Ya te dije que solo la gente mala va a prisión —le dijo en voz baja, aunque Richard fue capaz de escucharla—. Perdón, señor, él está mal de la cabeza. Nació así. El hombre no pudo evitar s

