Bárbara se quedó en la fábrica para que Nina pudiese volver a casa, ya que no se sentía muy bien. Luego de supervisar que el personal estuviese terminando sus labores de ese día se encerró en la oficina. Sentía un cansancio generalizado en todo el cuerpo, pero además, una angustia creciendo en su interior. Nada en su vida encontraba un camino fácil, ni a nivel familiar, ni laboral o personal. En todo había un problema delicado qué resolver. Se sentó en una silla y miró con rabia las bolsas que se había traído de la casa de Martín. No podía entender cómo aquel hombre pudo haberla engañado con tanta facilidad. Como una tonta había creído en el cariño que él fingió a diario, en sus promesas de un futuro compartido y de proyectos por hacer. Hasta habían ideado fundar juntos una empresa de

