Esa noche, como lo prometió, Richard fue a visitar a Bárbara. Quería ocuparse que tuviese las medicinas que le había recetado el doctor y acordar con ella la próxima visita médica. —¿Estarás disponible para esa fecha? —preguntó la mujer revisándole las heridas que Melissa le había infringido en el cuello y en las manos. Se encontraba en su habitación, sentados en el borde de su cama—. Nina me dijo que podía acompañarme al ginecólogo. —Yo estaré presente en cada una de esas sesiones, aunque tenga que faltar a alguna reunión. No voy a perderme nada del crecimiento de mi hijo —respondió decidido. La idea tener un hijo con la mujer que amaba le producía una gran ilusión. Ella lo besó en los labios, enternecida. —Lamento que te haya sucedido esto —dijo la mujer, en referencia a sus herida

