Morgan corrió al despacho al escuchar el grito de su hijo y el sonido estruendoso de algo cayéndose al suelo. Al llegar, lo vio quitando una pesada maceta de encima de Vivian para luego ayudarla a levantarse. —¡¿Qué sucedió?! —preguntó aterrado, y se ubicó junto a su esposa, que tenía un hilo de sangre bajando de su cabeza hasta su cuello. —Estoy bien, estoy bien —repetía la mujer con una voz quebrada por el mareo. —No estás bien nada, llamaré a una ambulancia —sentenció Richard y se puso de pie para ir a su escritorio por su móvil, topándose con Melissa, que veía la escena con rostro entre furioso y asustado a un par de metros de distancia. Él la traspasó con una mirada fría antes de tomar su teléfono y llamar al servicio de emergencias. Franklin y algunos empleados se hicieron prese

