Los McKellen recibieron a Bárbara con gran alegría. Ella no pudo evitar soltar lágrimas de alivio cuando Vivian la abrazó y le demostró su felicidad por su embarazo. —Mi niña preciosa. Cuando Richard me contó de tu embarazo, mi corazón dio un salto. No sabía si llorar, reír o abrazarlo. Ahora que te tengo aquí, siento que puedo hacer las tres cosas al mismo tiempo. Vivian temblaba un poco por las emociones y sus ojos brillaban por la dicha, aunque además, con un deje de preocupación. Ambas estaban sentadas en la sala mientras los hombres se mantenían un poco apartados, hablando en voz baja. —Tenía miedo de cómo usted lo tomaría —expuso Bárbara—. Sé que su hijo está en una situación complicada y yo no quería ser un motivo más de carga. —¿Una carga? ¡No digas eso! —pidió Vivian tomándol

