Bárbara miró a Melissa con el terror tallado en las pupilas, aunque se esforzó por disimularlo. La otra, en cambio, entró a la oficina con pose altanera mirando a su alrededor con desagrado. —Así que esta es tu… empresa —dijo con tono de burla. Bárbara se envaró. —¿Qué haces aquí? Nadie que no pertenezca a la empresa puede entrar a esta oficina. Melissa resopló una risa. —Encontré la puerta abierta y pasé. Si no quieres que alguien entre a robar, deberías tener más cuidado. A Bárbara le extrañó lo que decía, pero de pronto vio entrar a Nancy apresurada. —Hola, disculpe, fui a botar la basura y la vi entrar. ¿Necesita algo? —No te preocupes, Nancy. Yo me encargo de ella —respondió con tono seco. Nancy asintió y miró a la mujer con extrañeza antes de irse. Al quedar sola, Melissa

