Bárbara acudió a la fábrica con él ánimo más elevado. Richard le había prometido que investigaría al programador que poseía las pruebas que podían comprometer a Martín con el caso de PowerData, para así presionarlo. Tal vez sus delitos pendientes les servirían para evitar que el hombre quisiera desangrarlos pidiéndoles una recompensa excesiva, a cambio de la información que tenía en sus manos. Eso la llenó de esperanzas. Necesitaba esas pruebas, pero no tenía dinero ni nada de valor para realizar un intercambio y ya no quería que Richard siguiera invirtiendo en ese asunto. Se moría de la vergüenza. Luego de supervisar el trabajo que debía hacerse ese día, atender a algunos clientes y proveedores y organizar las facturas para el próximo cierre de mes, se dedicó a seguir revisando la caj

