En su despacho, Richard conversaba por móvil con el contratista que terminaba la remodelación de las oficinas de su empresa. Para su satisfacción, el trabajo avanzaba sin inconvenientes, lo que le aseguraba que en pocos días podía realizar la mudanza. En medio de la conversación abrieron la puerta. Melissa entró sin anunciarse como si lo hiciera en su habitación. Él apretó la mandíbula con enfado y se apresuró por terminar la charla sin perder de vista a la mujer. Ella se sentó en una silla frente al escritorio y lo veía con arrogancia en espera de que pudiera atenderla. Una vez que cortó la llamada, se recostó en el espaldar de la butaca con expresión fría y resignada. —¿Qué quieres? —Acabo de llegar a la mansión. —¿Ahora vas a darme un reporte de los momentos en que entras y sales

