Bárbara cerró los ojos un instante y respiró hondo para así controlar los nervios, luego se dispuso a despertar a Richard. Puso una mano en su hombro y lo sacudió con suavidad llamándolo. Él abrió los ojos con una expresión de satisfacción en su mirada, pero cuando la vio se mostró desconcertado. Enseguida se sentó y repasó su alrededor. Al descubrir dónde estaba y lo que había sucedido la seriedad lo abordó y la miró con fijeza. Ella tenía ganas de llorar por la vergüenza y la ansiedad. —Ya es de mañana —dijo Bárbara como si aquello no fuese evidente por la luz natural que entraba por las ventanas y sabiendo que eso empeoraba el momento. Richard se incorporó para evaluar de nuevo la habitación, parecía reflexionar. Ella se sentó en la cama envolviéndose con las sábanas. —Perdón —e

