Bárbara aprovechó que se sentía mejor para ir a la fábrica. Nina debía acompañar esa mañana a su abuela a la consulta médica y a Barry a realizarse unos exámenes. No quería sentirse una inútil. Todos la recibieron con cariño y atenciones, ya que se habían enterado de sus malestares. Hasta le impidieron que hiciese movimientos bruscos para que no sintiera nuevos mareos, que asumían se debían al estrés por los problemas y la falta de descanso adecuado. A nadie quería contarle sobre su embarazo, en casa solo lo sabían su hermana y Barry. Tenía miedo que la juzgaran y señalaran al bebé que llevaba en su vientre como el producto de una relación indebida. —¿Cómo te has sentido hoy? —consultó Ernest al aparecer en la fábrica y encontrarla en la oficina poniendo al día el libro de contabilidad.

