La tarde en la academia había caído en un tenso silencio. Sloan yacía en la cama de la enfermería, su rostro pálido mientras intentaba contener las punzadas de dolor que irradiaban desde su brazo fracturado. Erick entró en la habitación, sus pasos firmes resonando en el suelo mientras se acercaba a ella. Su presencia llenó el espacio como un peso tangible, y aunque intentaba mantener su postura estoica como comandante, sus ojos revelaban un conflicto interno — ¿Cómo te encuentras, So... Sloan? — preguntó Erick, esforzándose por mantener el tono impersonal que se esperaba de él Sloan levantó la mirada hacia él, sus labios temblando ligeramente por el dolor, pero con una determinación que brillaba en sus ojos — Creo que está roto — murmuró, con la voz firme a pesar de las circunstancias —

