Feliz. Así es como me sentía desde hacía meses.
Luego de la caótica noche en la cocina de mi casa, las cosas fueron complicadas. Papá se había enfadado y decepcionado en partes iguales. No comprendía porque no le había dicho de mi relación con Donato, por lo que tuve que mentir. No podía decir la verdad y dejar en evidencia a Donato. Por otro lado, Elda y Lina hacían de mis días un infierno; peor de lo habitual.
Pero nada importaba,no cuando mi novio me recogía en la universidad para ir a la empresa de papá, no cuando compartía cosas con el. He ahí el motivo de mi felicidad: pasaba mí tiempo con las personas que quería, y eso no tenía precio.
Donato había cumplido con su palabra. Al día siguiente de "la noche"- así la llamábamos, obviamente agregando un tono dramático- a la hora que hora que había dicho, Donato paso por mí. Me llevo a un bello restorán, en el cual además de cenar muy amenamente conocí un poco más de él. Hablamos, reímos e incluso hubo algún que otro beso. Fue una noche mágica, una noche mágica que concluyo de la mejor manera. Antes de dejarme en casa y ha pedido mío, nos detuvimos en una pequeña heladería, y allí me pedio ser su novia. Así, sin más, solo lo pregunto. Y yo, siendo simplemente yo solo sonreí y asentí.
-¿Qué gusto pedirás?- pregunto.
-Menta- dije sonriendo como niña pequeña.
-Menta para mi novia- dijo sonriendo- y para mi pistacho.
La empleada solo asintió y luego de unos pocos minutos nos sirvió nuestros helados. Estaba demasiado concentrada con mi delicioso helado, cuando Donato hablo.
-Oye, ¿Qué tienes ahí?
-¿Dónde?- cuestione.
-Ahí- dijo embarrando una cucharada de su helado en mi mejilla.
-No- reproche cual niña pequeña mientras el solo reía.
-Ven- estiro su mano hacia mí.
Cuando me acerque, solo beso mi mejilla en el lugar donde tenía helado, y luego beso mis labios de forma dulce.
-Sabes a pistacho- dije en broma.
-Y tú sabes a pasta de dientes- dijo riendo.
No pude contener mi risa, asique me uní a él.
-¿Serás mi novia?- pregunto sin más.
-¿Qué?- susurre.
-Me encanta todo de ti. Y solo necesito saber si quieres ser mi novia- al ver duda en mi rostro, se apresuró a hablar- Solo una oportunidad Fiorella, solo una- susurro cerca de mis labios.
Solo pude sonreír y asentir antes de que nuestras bocas se fundieran en un necesitado beso.
Las cosas pasaron demasiado deprisa luego de esa noche. Donato y yo nos llevábamos muy bien, salíamos demasiado seguido y en cada ocasión nos conocíamos un poco más. He de decir, que era un hombre bastante reservado en cuanto a su vida. Solo sabía que sus padres habían fallecido, y que no tenía más familia. Jamas insistí en que hablara de ello, suponía que era algo que debía sentir. Llevábamos saliendo cerca de cuatro meses, y a pesar de las repercusiones que nuestra relación tuvo, no me arrepentía de nada.
En pocos días seria el cumpleaños de mi novio, y yo no sabía que regalarle. ¿Qué se le regala a un hombre que ya tiene todo?
-¿En qué tanto piensas?- la voz de Donato me devolvió a la realidad.
Estábamos en una de las cenas de beneficencia que se organizaban de parte de los hoteles, y esta era justamente la parte de los aburridos e hipócritas discursos de los socios más importantes.
-Estoy aburrida- dije mientras jugaba con nuestras manos entrelazadas.
Donato rio y beso mi cabeza- Solo unos minutos más, luego nos iremos.
-Es que tampoco quiero irme. Papá no está, y voy a tener que tolerar a brujelda y a Lina- dije haciendo puchero. A lo que él solo rio.
-Oye- no podía mirarlo a los ojos con lo que estaba a punto de hacer- ¿Puedo quedarme contigo?
Sus músculos se tensaron notablemente, y la seriedad se adueñó por completo de su rostro.
-Lo siento, no quise incomodarte- rápidamente trate de levantarme y salir de allí.
No sabia exactamente porque, pero Donato y yo no habíamos llegado a nada mas que besos, y algunos de ellos eran muy candentes. No sabia si era yo o que, porque simplemente cada vez que estaba por pasar algo, él se levantaba e inventaba alguna excusa para irse.
-Lo siento muñeca- dijo sujetando mi mano- no es que no quiera que te quedes en casa, pero no me gustaría que apresuráramos las cosas.
Levante mi mirada, y me confundió demasiado lo que su rostro expresaba. Era una mezcla de culpa y nervios.
-No te preocupes- hice un intento de sonrisa- ¿Me llevas a casa? Quiero llegar antes que ellas- dije señalando con mi barbilla a mi madrastra y su hija.
-Seguro- dijo dejando un pequeño beso en mis labios- ¿Quieres que pasemos por un helado antes?
En estos cuatro meses, Donato había descubierto que una de mis mayores debilidades eran las cosas dulces, por lo que en ocasiones se apreciaba un poquito de ello e intentaba sobornarme o hacerme cambiar de opinión.
-Gracias cielo, pero de verdad quiero llegar antes que ellas. Quizás mañana.
No espere respuesta de su parte y salí rumbo al estacionamiento. Una vez allí, me subí al auto de Donato.
-Debes estar realmente molesta para rechazar un helado- dijo luego de unos minutos de camino.
-No estoy molesta, pero sabes cómo se ponen cuando no está papá.
-Ya- dijo fijando su vista en la carretera.
un silencio sepulcral se instalo entre nosotros durante el trayecto a casa, tal así, que el sueño se apodero de mí. No sé en qué momento me dormí, solo sé que desperté en un elevador en brazos de Donato.
-Me dormí- dije ocultando mi rostro en el hueco de su cuello.
-Parece que si- respondió divertido.
-¿Dónde estamos?-cuestione.
-En mi casa.
Saque mi rostro del perfecto lugar en el que se encontraba, e hice que me bajara de sus brazos.
-No era necesario, enserio no estaba enfadada.
-Lo sé. Pero lo pensé y me gustó la idea.
Las puertas del ascensor se abrieron dejándome ver así un gran y elegante pent-house.
-Espero que te guste y que te sientas cómoda.
-Gracias- dije y bese suavemente sus labios.
-Ven- tomo mi mano y me guio por un pasillo bastante largo.- Aquí está la habitación, puedes ponerte cómoda. Yo voy a estar en la habitación de en frente. Cualquier cosa que precises me llamas.
-No tengo pijama- dije antes de que saliera de la habitación.
-No te preocupes. Ya vuelvo.
Donato se perdió dentro del closet y yo me dedique a ver la habitación.
-Esto te servirá- apareció luego de unos segundos con una camiseta suya.
-No tienes que cederme tu habitación, puedo dormir en el sofá, o en otro lado.
-No te preocupes muñeca- dejo un beso en mis labios antes de despedirse- Descansa.
Las horas pasaron y yo no conciliaba el sueño. No es que no estuviese cansada, pero se podían ver los relámpagos de la tormenta que se había formado a las pocas horas de haber llegado a casa de Donato y yo le tenia terror a las tormentas.
Insegura e indecisa, me levante de la cama para ir por un vaso de agua. Salí muy despacio de la habitación para no hacer ruido y en punta de pie llegue a la cocina. Me serví y bebí un vaso de agua, luego llene otro para llevar de regreso a la habitación, pero cuando estaba de camino, un fuerte estruendo se escuchó antes de poder ver como comenzaba a llover. Del susto, solté un chillido junto con el vaso que se estrelló en el piso haciéndose añicos.
-¿Qué ocurrió?
Un Donato medio dormido y semidesnudo apareció por el pasillo. Quise decirle que no se acercara por los cristales en el suelo, pero al dar un paso, fui yo quien se lastimo con ellos.
-Auch- me queje.
-No te muevas- despareció y luego volvió a aparecer con unas pantuflas.
Me cargo como si no pasara nada y me sentó en el mesón de la cocina.
-Déjame ver- dijo mientras revisaba mi pie.
-No es nada, solo un pequeño corte- dije.
Luego de unos minutos volvió a hablar- Sip, definitivamente solo es un corte, pero de todos modos hay que desinfectar la herida.
-De acuerdo- intente bajar del mesón, pero no me lo permitió.
-¿Adónde vas?- sonrió burlón.
Estaba por contestar, cuando otro estruendo se escuchó. Un grito salió de mi boca, el cual provocó que Donato riera y luego me abrazara.
-Es solo un trueno- dijo dejando un beso en mi cabeza.
-Me dan miedo las tormentas.
-Me di cuenta- acaricio mi mejilla y luego me dio un pequeño beso- no es nada, aquí estamos seguros- al no tener respuesta de mi parte, me cargo estilo princesa- ven, vamos a dormir.
-No, prefiero quedarme en la sala, si no te molesta claro.
-Dormiremos juntos, no te dejare sola- dijo con una sonrisa.
-¿De verdad?
-Si muñeca- al parecer se había dado cuenta que no quería dormir por miedo.
Sin decir nada más, nos adentró en la habitación y luego me sentó en la cama.
-Quédate quieta- dijo y entró en el baño.
Salió del baño con un pequeño botiquín de primeros auxilios, y se dispuso a desinfectar mi herida. Tomo su trabajo de enfermero muy enserio.
-Cuanta concentración enfermero Carusso- bromee.
-Es que mi paciente lo requiere- bromeo conmigo antes de terminar- Listo muñeca.
Se levantó y camino al cesto de basura para tirar las cosas que había utilizado, y luego se encamino al baño para guardar el resto de las cosas.
Al salir, se recostó conmigo en la cama.
-Gracias- dije besando su mejilla y volteando, dándole así la espalda.
-No hay por qué.
Pasaron unos pocos minutos cuando decidí hablar.
-Donato- susurre creyendo que podía estar dormido.
-¿Qué?- respondió de igual forma.
-¿Me abrazas?
No hubo respuesta, por lo que creí que había hecho algo mal. Pero mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando sentí su brazo pasar por mi cintura. Su cuerpo se pegó al mío, y dejo un beso en mi nuca.
-Descansa muñeca.
Luego de eso, caí en un profundo sueño.