Hacia dos días que nos encontrábamos en Italia, y hoy por fin vería a mi padre. Nos encontrábamos de camino a un hotel abandonado que se encontraba a las afueras de Milán. A decir verdad no tenía un buen presentimiento con respecto a lo que pasaría. Pero estaba segura de querer saber toda la verdad de una vez por todas. Tuve que insistir demasiado para que Anton aceptara traeré con él, por lo que me encontraba bajo sus amenazas de lastimar a alguien si hacia algo estúpido- en sus palabras. Me encontraba mirando distraídamente por la ventana, cuando habló. -No te alejaras de mí Fiorella. -De acuerdo- respondí sin mirarlo. No dijo nada más, y estaciono el coche en la parte trasera del hotel. Ambos nos bajamos, y el por su parte, coloco una de sus manos en mi cintura y me incito a caminar

