Después de tan cálida sesión, los dos caen profundamente dormidos hasta las tres de la tarde, cuando Amir es despertado por una inesperada llamada. De mala gana, él se pone en pie con cuidado de no despertar a Emily, quien sigue dormida como toda una princesa y él con el ceño fruncido busca el teléfono en la mesita de noche. Abriendo las puertas corredizas de su balcón privado, Amir contesta la llamada proveniente de su país. Arabia Saudita. Ya presiente quién puede ser, aunque lo esté llamando de otro número. El código lo delata... —¿Qué quieres? —Espeta de mala gana. —No estoy feliz con tus acciones, Amir. —¿Y creés que me importa? —Este se ríe arduamente— Vete al infierno, Mohamed. —Amir Saud… Estás jugando con fuego. Piensa bien las cosas, la oferta que te hice hace

