La noche había llegado más rápido de lo que Carlos esperaba. Valeria lo esperaba en la habitación principal, ya desnuda, con el cabello rubio suelto y esa mirada tímida que todavía conservaba aunque su cuerpo ya conocía demasiadas formas de placer. Él cerró la puerta con cuidado y dejó la maleta negra sobre la cama. Dentro había todo lo necesario para la lección de esa noche: cuerdas suaves de seda, una venda, vibradores pequeños, cinta adhesiva especial para la piel, juguetes anales de distintos tamaños y el masturbador que imitaba una v****a. —Acuéstate, mi princesa —ordenó con voz calmada pero firme—. Hoy vamos a explorar algo nuevo. Todo será para tu placer. Si en algún momento quieres parar, solo dilo. Valeria obedeció sin dudar. Se tendió en el centro de la cama. Carlos tomó las cu

