Cap. 13

1444 Words
—Necesito aire—, trastabilló detrás de Cuatro, quien había tomado su mano para ayudarla a salir de la multitud. Se veía mal. Estaba aún más pálida que de costumbre. Su cabeza daba vueltas y su estómago se retorcía. Al ver el camino libre de gente, se soltó de Cuatro, corriendo hacia su dormitorio. Sintió los pasos de él siguiéndola pero no le dio importancia. Abrió la puerta y tropezó por las escaleras. Habían varias cosas en el suelo, botas, chaquetas, bolsos; ni siquiera se fijó, pateó todo a su paso hasta llegar al baño. Al estar allí, vació todo el contenido de su estómago que era básicamente todo el alcohol que había bebido la noche anterior. Para su suerte el lugar estaba vacío. Cuatro cerró la puerta del dormitorio a sus espaldas y caminó rápido hacia ella. Intentando ser de ayuda. —Toma una ducha. Luego pasa por la enfermería—, le dijo Cuatro compasivo, viéndola inclinada sobre el inodoro, su cabello metiéndose en su cara. —Podrías, por favor, sostener mi cabello—, dijo jadeando, antes de volver a vomitar. Cuatro lo dudó unos segundos antes de agacharse y tomar todo el cabello de la chica entre sus manos. ( . . . ) —¿Te sientes mejor? —Supongamos que sí—, una sonrisa se plasmó en su cara pálida y sudada. Él no pudo evitar sonreír un poco. Cuatro la ayudaba a caminar a través de los pasillos, pues ella seguía algo mareada. Ella se sostenía de los hombros del muchacho y él la sostenía de su cintura. El solo pensamiento de Cuatro sosteniendo su cintura tan posesivamente, le erizaba la piel. Le gustaba. —Pecas—, Uriah apareció al girar por un pasillo—. Te ves fatal. ¿Qué te pasó? Cuatro bufó algo fastidiado, intentando seguir su camino. Pero ella insistía en hablar con su amigo aunque fuera sólo unos segundos. —No sé qué mierda me diste ayer. Pero estoy segura de que fue eso. La idea de su amiga con resaca cruzó la mente de Uriah, a quien le creció una sonrisa. —¿Primera vez, iniciada?—, se burló Uriah. —Jódete—, rió siguiendo su camino junto a Cuatro. ( . . . ) —Intenta descansar un poco. Mañana inician la segunda etapa—, Cuatro le ayudó a recostarse sobre una camilla. —Ugh. Me va a destrozar—, rodó los ojos a la vez que se colocaba el gorro de la chaqueta de Uriah. —No lo creo...—, Cuatro se atrevió a sonreír un poco, mostrando sus dientes. Ella lo miró fijamente. No pudo evitar dejar reposar su vista en los labios del moreno más de lo que debía. Su labio inferior es más relleno que el superior, y al sonreír este le da un toque de sensualidad impresionante. Pensó sonriendo. Cuatro dio un paso atrás, listo para irse. Antes de darse la vuelta la mano de la muchacha se agarró de su muñeca. —Gracias—, le sonrió con las pocas fuerzas que le quedaban. Él le dedicó un asentimiento y se fue con su usual postura rígida y una pequeña y casi imperceptible sonrisa. ( . . . ) La famosa lista en orden alfabético invertido. Ya habían llamado a Will, así que la siguiente sería ella, luego iría Uriah. Ese día había despertado muy temprano en la enfermería. Y como ya se sentía mejor se levantó y se fue, al llegar al dormitorio vio a todos aún dormidos, habían tres camas vacías -sabía bien de quiénes- así que sólo se recostó en la de ella y esperó a que las luces se encendieran para poder vestirse. Cuando las luces se encendieron entraron Peter, Drew y Molly por la puerta, estaban sumamente callados y miraban constantemente sobre sus hombros como si los persiguieran. Ignoró la presencia de ellos y se quitó la ropa. Quedándose en ropa interior rebuscó entre sus pertenencias. Ese día había decidido usar un pantalón corto, las botas y una camiseta algo apretada. Ignoraba la mirada acosadora de Peter, como siempre hacía. —Valentine—, Cuatro abrió la puerta de la habitación por la cual todo el que entraba, salía con cara de pánico. Tris estaba nerviosa, lo veía por su forma de mover su pierna. Uriah tenía una mirada de miedo pero la ocultaba bromeando al lado de Marlene. Se levantó y caminó hasta él, entró hallando una silla y una mesa, justo como el día de la prueba. Cuatro cerró la puerta a sus espaldas. —Siéntate—, dijo a la vez que organizaba algo sobre la pequeña mesa. Cuatro le explicaba cómo funcionaba el suero y que los neurotransmisores en él le permitirían ver lo que sucedía en su mente. —¿Verás lo que hay en mi mente? —Sí—, respondió simple, acercándose a ella con una jeringa en su mano—, recuéstate. La tomó de los hombros, gentilmente moviéndola hacia el respaldo de la silla. Ese simple toque envió pulsaciones eléctricas por todo su ser. Su cabello estaba movido hacia un lado dándole campo libre a la aguja, a excepción de algunos mechones rebeldes que se interponían. Cuarto rozó sus dedos en su cuello, moviendo levemente unos cabellos hacia el lado, finalmente inyectando en suero en él. —En sesenta segundos hará efecto—, Cuatro la miró, aún cerca de ella, dejando descansar una de sus manos sobre su hombro—. Sé valiente. ( . . . ) Estaba nuevamente en Cordialidad, vestida con su ropa de Osadía, los niños que desde pequeños le gritaban cosas estaban alrededor de ella, formando un círculo, quedando ella en el centro. —Oye, rara. Ya sé por qué tu mamá murió —, miró a una niña que estaba cruzada de brazos—. La mataste. —Cómo crees. Ella se suicidó. Jamás quiso a una hija como ella y no pudo vivir con la vergüenza. —Seguramente su padre también se matará—, cada vez las voces eran más, y estaba más rodeada de gente, hasta el punto de quedar agachada entre la multitud. El aire le empezó a faltar. Oh no.... Esto no es real. Estaba consciente de que era una simulación, pero la chica que la había asistido en su prueba de aptitud le había dicho exactamente eso. Podría controlar las simulaciones y eso era propio de un divergente. No quería que la descubrieran. Intentó calmar su respiración y regular su pulso justo como Cuatro le había dicho. Entonces el bullicio se dejó de escuchar y ya no estaba rodeada de personas. —Levántate—, una mano pareció frente a ella. Era grande, tenía varias cicatrices y eran ásperas. La tomó y se levantó. Vio la cara de uno de los líderes de Osadía, no lo reconoció, la imagen estaba distorsionada. —Llévensela. Que no vea nada—. Dijo una voz firme y profunda, sonó el seguro de un arma y luego un disparo. Miró sobre su hombro, luchando contra el hombre que la obligaba a caminar y a no mirar atrás. Lo golpeó con la parte de atrás de su cabeza y corrió a donde había sonado el disparo. Vio el cuerpo de su madre allí. Muerta. Y ahora ella tenía el arma en la mano. Los hombres habían desaparecido. Soltó el arma y empezó a correr, tropezó, empezando a rodar, cayendo por una colina. Miró a su alrededor una vez dejó de rodar. Estaba en una de las cosechas de Cordialidad, usando ropa de osadía. Recordándole que sólo era una simulación. Sintió un cosquilleo en su mano, miró en esa dirección. Una gran araña subía por ella. Y entonces todo su cuerpo estaba cubierto de arañas. Era desesperante. Una entró en su boca, quitándole el aire y la poca cordura que le quedaba. ( . . . ) —Ya. Ya pasó—, Cuatro tomó su hombro al verla levantarse sobresaltada, en busca de aire—. Tranquila. Miró su cuerpo, un escalofrío la recorrió al recordar a las arañas. —¿Cuánto tiempo crees que estuviste dentro de la simulación?—, dijo Cuatro, mirando las pantallas en la pequeña mesa. —¿Veinte minutos? —Tres minutos—, la miró incrédulo. —Parecieron horas. —Tres miedos en tres minutos. Sorprendentemente más rápido que la mayoría. —Tenías razón... —¿En qué? —No me van a destrozar, entonces—, intentó reír un poco para aligerar la presión pero sólo le salió una mueca. —No. -V
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD