El sonido suave de las olas acariciando la orilla marcaba el ritmo de una tarde que parecía suspendida en el tiempo. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos dorados y naranjas, mientras una ligera brisa marina acariciaba sus rostros. Leyla sostenía a su hijo entre los brazos, acunándolo con ternura mientras él dormía profundamente, con una paz que parecía heredada del nuevo mundo que sus padres le estaban construyendo. Cem, de pie a su lado, miraba a su familia con una mezcla de orgullo, amor y humildad. Cem: —Nunca imaginé que la felicidad se vería así… Leyla lo miró, con los ojos llenos de luz. Leyla: —Ni yo. Pero todo valió la pena, Cem. Cada lágrima, cada error… nos trajo hasta aquí. Él rodeó su cintura con el brazo, acercándola a su pecho. No queda

