Federid se quedó esperando la respuesta de ella y observó como se puso seria al instante, él sabía que no era fácil, pero no pudo resistir las ganas de recibir un beso de ella. — Gracias, pero creo que debo irme y tengo planes para la tarde — Cristina si algo odiaba eran las manipulaciones. Federid sabía que esto podía pasar, por lo que puso su dedo en el Bugatti y la puerta se abrió — Entra y no te pongas seria, ya reserve el almuerzo en el restaurante, me disculpó si te he ofendido — — Gracias, pero de verdad deseo irme — Cristina estaba en desventaja por lo que no podía darse el lujo de ofender, más que su bolso estaba en la oficina de él. — Ven y entra no haré nada, además, ya habías comentado que regresaremos para la tarde— Federid debía ser inteligente para recuperarla y vio sus

