El resto de la tarde pasó volando. La costurera llegó con una legión de ayudantes que cargaban con rollos de tela. Midió a Abby, chasqueando la lengua mientras murmuraba para sí; hizo falta un rato para convencerla de que no crease únicamente los vestidos que le había pedido Zoran, sino que añadiese también pantalones, camisas y una variedad de ropa interior. Abby al final tuvo que amenazar con no ponerse nada de nada si no se incluían braguitas y sujetadores. Aprendió muy rápido que tales prendas no eran un atuendo habitual en Valdier. Se alegró al oír que la costurera había visitado también a las demás mujeres a excepción de Cara, que seguía huida, y que ya se había hecho el pedido de su ropa. Poco después de que la mujer se marchara, un hombre joven apareció en su puerta. ―Sí ―dijo Ab

