Zoran oyó las voces como si provinieran del otro lado de un profundo túnel; al principio no fueron más que ecos, pero fueron volviéndose poco a poco más claras a medida que se acercaba a la salida. Sintió cómo su simbiótico se movía por su cuerpo, purgando aquella horrible droga que lo mantenía preso. A medida que la iba exudando por los poros su cabeza fue ganando claridad, al igual que sus recuerdos. Su simbiótico se apartó bruscamente de su cuerpo, sacudiéndose como para librarse de las gotas de trimida al mismo tiempo que Zoran soltaba un rugido de ira y cambiaba a su forma de dragón. ―Oh, sí, está cabreado ―dijo Ha’ven, sin apartar los ojos desconfiados de la furiosa bestia. Zoran giró la cabeza, buscando el origen de la voz curizana. Sus ojos, marcados por las pupilas verticales, s

