Santa Mónica, California – La venganzaEl tipo corpulento que estaba sentado en el puesto del conductor del deportivo rojo aparcado al lado del camino de tierra, mientras vigilaba el reloj digital del salpicadero soplaba lentamente en la bolsa de plástico que había guardado su calórico tentempié, por otra parte ya casi digerido. La enrrolló con cuidado y, mientras mantenía agarrada la parte superior con la mano derecha, siguió inflándolo. Cuando alcanzó la máxima dimensión, la retorció rápidamente por la base y cerró la abertura, dejando de esta manera el aire en su interior. Acercó aquella especie de globo improvisado a la oreja izquierda de su compinche, que estaba durmiendo tranquilamente tumbado sobre el asiento del pasajero y, sin quitar la mirada del reloj, esperó muy quieto. No habí

