Alison estaba en la pastelería, ella estaba tan feliz, por fin su hija tendría el tratamiento que tanto habían esperado, las cosas comenzaban a ponerse en su lugar, ahora solo tenía una preocupación, Harry Richmond. — Me da mucho gusto, mereces ese reconocimiento Alison, tantos años luchando contra la marea, al fin las cosas salen como debieron hacía mucho, me habría encantado ir a esa demostración, conocer al tipo que compro tus piezas, debe ser un buen conocedor. Alison no había dicho quien compro los cuadros, mucho menos sabían que él era el padre de sus hijos. — Quería pedirte como favor, pues cuando llegue el momento de ir con el nuevo médico tendré que ausentarme, pero no quiero perder mi empleo, habría manera dé. Pero la dueña de la pastelería apreciaba mucho a Alison, había tra

