Entré a la Academia y lo primero que me golpeó fue la sensación de que nada es igual. Todo estaba distinto, pasillos rediseñados, rostros nuevos, voces que no reconocía. Me detuve un instante, mirando los muros que antes me eran familiares. ¿Qué ocurrió aquí? Esto no estaba así… Empecé a buscar a la directora, o al coordinador. Pero nada Avancé, intentando reconocer algún rincón que me devolviera la calma. Entonces lo vi. Manuel... Sonrei leve —¡Hari!— exclamó antes de rodearme con sus brazos. Quedé paralizada, mi cuerpo rígido. —Sé que no te gusta el contacto físico— susurró —pero me alegra verte. No pude evitar sonreír. —Igual, Manuel. Él me miró, y no dejaba de sonreir. —Pensé que te habían expulsado… pero mírate, estás aquí. Estás hermosa, no pareces la misma Hari.

